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El bastón que Aman’thul concedió a Nozdormu para ver las líneas temporales. 

En los albores del tiempo, cuando Azeroth aún estaba en sus primeras etapas de formación, los titanes caminaban entre los mundos, sembrando la semilla de la vida y estableciendo el orden en el cosmos. Entre ellos se encontraba Aman’thul, señor del tiempo y uno de los más poderosos de su raza.

Con la mirada puesta en el futuro de Azeroth, Aman’thul forjó un artefacto de inmenso poder: el Bastón del Destino. Este bastón, tallado en las estrellas y bañado en la luz de los titanes, contenía la esencia misma del tiempo y la posibilidad de vislumbrar los hilos del destino que tejían el universo.

Consciente de la importancia de guiar el destino de Azeroth, Aman’thul entregó el Bastón del Destino a Nozdormu, el Aspecto del Tiempo, otorgándole así la responsabilidad de proteger el futuro de Azeroth y garantizar que siguiera el curso establecido por los titanes.

Nozdormu, orgulloso de tamañan tarea, pronto entendió que el conocimiento del futuro podía ser una carga demasiado pesada para los mortales, cuyas mentes eran incapaces de comprender la inmensidad de lo que el bastón revelaba.

Temeroso de los efectos perturbadores que las visiones del futuro podrían tener en las mentes mortales, Nozdormu decidió ocultar el Bastón del Destino en un lugar seguro, lejos del alcance de aquellos que buscaran desentrañar sus misterios y alterar el curso del tiempo.

Así, el Bastón del Destino fue enterrado en un santuario oculto, custodiado por los guardianes del tiempo y protegido por la magia más antigua y poderosa. Allí, permanece, una reliquia de los titanes y un testamento del destino de Azeroth, esperando ser descubierto por aquellos dignos de enfrentar los secretos del tiempo.

Si preguntas en la confluencia temporal, en las islas dragón, a alguno de los guardianes del vuelo bronce, quizás puedan darte alguna pista de dónde encontarlo 😉

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