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Hace ya varias semanas, meses incluso, que estamos viendo una especie de «guerra» entre jugadores de Wow y jugadores de Final Fantasy XIV Online, sobre qué MMO (juego multijugador masivo) es «mejor». Sinceramente, en la redacción de El Pergamino, pensamos que CUALQUIER JUEGO tiene potencial para «entretener y divertir», pero dejaremos este asunto para otro día.
Hoy os traemos, en rigurosa exclusiva, las declaraciones de un jugador de Wow «de toda la vida» que decidió probar el FFXIV  «a ver si era cierto todo lo que decían». Os dejamos un compendio de semejanzas y diferencias, según J.R.R.M, de Vitigudinos del Campo, Valladolid.

1- La pantalla de creación es otro mundo, literalmente. Estás tirado en medio de un cielo estrellado, y puedes pasarte ahí horas. Las opciones de personalización son muy numerosas y como no tienes idea de nada, pruebas todas las posibilidades. Estuve más de 8 horas creando un personaje pero entonces me desconecté y mi personaje ya no estaba. Tuve que empezar de cero con otro personaje.

2- Una vez que creas el personaje y entras al mundo por primera vez en el FFXIV, es todo muy extraño, pero te van saltando tutoriales y más o menos lo pillas todo (está en inglés KEK). Pero cometí un fallo terrible, pregunté por chat dónde estaba la posada de Orgullo de León, por costumbre, y me banearon de inmediato. Otro personaje perdido.

3 – Me dijeron que con un único personaje podría ser todas las clases posibles: cazador, mago, brujo, sanador, guerrero… No me creí nada, por supuesto, pero tenía que verlo con mis ojos. Me hice un tercer personaje, que empezó como arquero, y fue todo un lío tremendo: arma de asta, arco, espada, hechizos, cazar ardillas, subir level… no me enteraba de nada. Había misiones «de clase» pero claro, si cambias de clase, ¿qué misión haces? Otro personaje malgastado.

4 – Con mi cuarto personaje investigué cómo funcionaba el teletransporte. Hay unos diamantes azules que te llevan de un lado a otro, pagando una cantidad, eso si. Aunque hay otros cristales que son como tu hogar, y no gastas ni un cobre. Fue confuso al principio, lo reconozco.

5 – Las ciudades, madre mía, las ciudades. Si te pierdes en Oribos dando vueltas en círculo buscando al transfigurador y te ves obligado a sacar el Yak de expedición, cuando veas las ciudades de FF te desmayas. Con mi quinto personaje aparecí en una ciudad costera, con barcos y eso, llamada Limsa Lominsa. Muy ruidosa, con mucha gente. Me perdí en el muelle.

6 – Y no te puedo contar nada más, porque siempre que entro en FF pienso en el Wow, así que pago otro mes y vuelvo a Azeroth.

Esperemos que te sirva de ayuda… o no.
Ve y prueba [pero si vuelves al WoW que no te extrañe, equisde].