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Muradin Barbabronce, Moira Thaurissan y Falstad Martillo Salvaje, miembros del Consejo de los Tres Martillos, están hartos de que les confundan con los Reyes Magos de Oriente.

 

Desde que formamos parte del Consejo, cada año por estas fechas nos pasa lo mismo, que si «dónde están los camellos aparcados», «a ver si me traéis lo que pedí» y peticiones similares -nos cuenta Muradin- Es vergonzoso. Y no soy el único que se queja. Mira a Moira, ¿te puedes creer que la llaman Gaspar? ¿Quién es Gaspar? Y luego está Falstad, que es un cachondo, y que se lo toma todo a broma. Incluso le ha puesto una joroba a su grifo, ¿te lo puedes creer? ¡Es inaudito!

 

Cuando llegamos a Forjaz para hacernos eco de la noticia, nos encontramos con una multitud de gente, mayoritariamente enanos y gnomos, que se agolpan frente a las puertas de la sala del Consejo, como si esperasen turno para una audición. Parecen nerviosos, pero también se les ve felices y entusiasmados. Uno de los gnomos que esperan en la fila, nos cuenta que es la primera vez que viene a ver a los «reyes magos», y que está muy nervioso «siempre estoy liado yendo y viniendo de Mecandria a Tundra Boreal, y no tengo tiempo de nada más. Pero este año me he tomado la libertad de venir a Forjaz unas pocas horas para verlos. ¡Estoy muy ilusionado!». Vemos a una elfa del vacío, muy sorprendida con todo este asunto «no tenía ni idea de todo este lío de los majos éstos, ¿qué hacen? ¿Reparten regalos? Esta multitud es escandalosa, me pone de los nervios, sinceramente, y el Vacío me revuelve el pelo. Pero siento curiosidad,  nunca he visto nada parecido». Con paso apresurado, viene a nuestro encuentro el Verificador Martillo Salvaje, un tipo afable que lleva un jersey rojo muy llamativo, y nos aparta de la multitud mientras baja el tono de voz:

 

Verás, no solemos tener a tante gente aquí, pero con esto de la Navidad y el Padre Invierno siempre vienen en masa, gastan su dinero, recogen los regalos y se van, pero estos últimos años, la gente se queda más tiempo por aquí esperando a los esos Reyes Magos. Esto hace que se queden más días, con lo que la economía del Reino crece un poco más. Te confieso que no tenía ni idea de la que se iba a liar cuando conté esa pequeña mentirijilla. Había bebido bastante cerveza Cebadiz, y bueno, hice correr el rumor de que Moira, Falstad y Muradín eran nuestros «reyes magos», y repartían regalos… y se lió parda. Pero no digas nada, por favor, me gusta mi trabajo.

 

A la luz de estas declaraciones, nos encontramos en un compromiso, informar al Consejo de la «broma» o dejarlo pasar, un año más. Pero las miradas ilusionadas de la gente nos hacen desistir. En estos tiempos, toda alegría es poca y, seamos sinceros, eso de que nos traigan regalos, nos parece una buena idea.