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centinela jurafauces

Centinela Jurafauces patrullando la zona.

Las Fauces, ese lugar horrible donde se torturan almas de mil maneras inimaginables, ha dejado de ser un lugar inexpugnable para convertirse en un coladero de gente que viene y va.
Todo empezó con nuestro adalid, quien logró activar una piedra mágica y le permitió salir de ese lugar infernal. Los NPC que quedaron atrás, no podían salir de su asombro: ¿Cómo era posible? Siempre nos están diciendo que «de las Fauces no se puede salir» y, sin embargo, el adalid lo hizo.
Pero no sólo nuestro adalid consigue salir. Las almas torturadas de Torghast, a las que salvamos mientras escalamos pisos infinitos, también salen de las Fauces. Personajes como Alexandros Mograine, Jaina o Baine, escapan de ese lugar gracias al Adalid. Y varias almas que son llevadas a Ardenweald, por ejemplo. Entonces, ¿cuán imposible es salir de allí?
Hablamos con un centinela jurafauces sobre este asunto:

La primera vez que vuestro adalid salió de aquí, fue como una pesadilla. No entendíamos nada. No sabíamos que esa piedra funcionaba, yo pensaba que era un simple adorno. Nos soltaron una charla muy chunga sobre riesgos laborales y estuvimos varios días viendo pelis de fugas de cárceles. Fue una tortura. Y entonces vuestro adalid regresó y volvió a escapar. Y esta vez ¡no lo hizo solo! Nos cayó una bronca de campeonato. Mi trabajo se me da bien, llevo eones haciéndolo, y esto que pasa ahora es un golpe muy duro. No quiero que me degraden y acabar siendo una simple rata de las Fauces!

El «caminante de las Fauces», que así es como se conoce ahora a nuestro adalid, va y viene sin ninguna repercusión; si acaso, una intensa «mirada del Carcelero» y alguna breve persecución, pero nada más allá. Con esas idas y venidas, los trabajadores de la zona ven muy complicado seguir desempeñando sus funciones. Sin embargo, sabemos que los Especuladores, por ejemplo,  han visto crecer sus ganancias de forma desproporcionada. Ahora son más ricos que nunca y «no pienso dejar el negosio», han dicho en más de una ocasión.

Como dice el refrán, «nunca llueve a gusto de todos».