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Duras declaraciones de Khadgar: «¡Pues que se busquen la vida!»

Este fin de semana, nuestro equipo de investigación ha decidido visitar a un viejo conocido de Azeroth para ver qué está haciendo tras la caída de la Legión.

En el día de hoy, me presento ante la casa de Khadgar, Karazan. Una torre que da un poco de mal rollo, pero con su dueño tuvimos buen rollito cuando la Legión Ardiente atacó las Islas Abruptas.

Llamamos a la puerta y nos recibe el mismísimo Khadgar en persona (creo que su asistente está muerto), pero con un atuendo un poco peculiar. Nos recibe con una bata de andar por casa, pantuflas y en calzoncillos.

«¡Anda! ¿Era hoy la entrevista? Disculpad si voy un poco cómodo. Es mi casa, ¿sabes? Pasad, pasad».

Conforme nos adentramos en la torre, vemos un notable desorden. Los libros estaban fuera de su estantería, algunos abiertos, otros rotos, otros quemados. Un caos. Conforme nos vamos acercando a la estancia donde pasa el mayor tiempo del día el gran Archimago, vamos notando un olor peculiar. Muy familiar, pero peculiar. Khadgar se sienta en un sofá bastante sucio mientras coge la lata de cerveza enana que tenía a medias en la mesa.

«Sentaos, sentaos. Estáis en vuestra casa».

Observando la notable suciedad del lugar, decido acercarme una silla. La menos sucia de la estancia. De paso, le echo un vistazo al lugar. Ya tengo claro que era ese olor peculiar, viendo las chustas de porro en el cenicero. Parece que el Archimago se ha fijado en mi mirada.

«No te preocupes por eso. Es un poco de Mostacho de Khadgar que me han traído del norte. Ayuda a pensar», nos dice mientras se señala la cabeza.

Esta era mi oportunidad, había que preguntar. ¿Pensar en qué? Ha habido una guerra a nivel mundial, un dios antiguo despertó para arrasar con el planeta y ahora el maldito cielo se ha roto en dos abriendo el velo entre la vida y la muerte. Se nos hace un poco raro que no haya participado.

«A ver, yo vine para estudiar un poco cómo sanar la vida de Azeroth después de que Sargeras le clavara la espada. Pero claro, también me fijé en que allí estaban liados druidas y chamanes para sanar el mundo. ¿Qué podría hacer un simple mago como yo?»

Que se llame a sí mismo «simple mago» después de ayudar a salvar el mundo varias veces, nos hace dudar un poco. Pero bueno. Lo siguiente era preguntarle qué ha estado haciendo realmente durante todo este tiempo.

«Pues ya sabes. Una cervecita por allí, unos buenos mostachos por acá… Para despejar la mente. He viajado incluso a otros mundos, muchacho. Qué menos que descansar un poco».

También nos preguntamos si sabía algo sobre N’zoth o sobre lo ocurrido en Corona de Hielo.

«¿N’zoth? ¿Por eso hace un tiempo vinieron unos locos a aporrear la puerta? Jajajajaja. Pensaba que eran los chiflados del martillo crepuscular. Me dije: ¿Lleva N’zoth miles de años encarcelado y va a salir ahora? SI, CLARO. ¿No me digas que pasó en serio? Pues vaya suerte que no haya querido venir a esta torre».

Perplejos ante el pasotismo del mago, decidimos preguntar por los acontecimientos más recientes, como que el cielo se quebrara. Quizá si habría notado algo.

«Ah, eso»- nos dice mientras señala por la ventana el evidente agujero en el cielo a lo lejos- «Evidentemente tiene pinta de que algo ha pasado con el Rey Exánime, ¿pero eso no es problema de los Caballeros de la Muerte? ¿Qué pinto yo ahí? Que se las arreglen con sus cosas de muerte».

Viendo que no se entera de nada, le contamos más o menos cómo va el tema y todo lo que ha pasado. De paso, aprovechamos para decirle que se ha divisado en Oribos un cuervo, muy similar a la forma que adquiere él gracias a su bastón.

«¡Jajajajaja! Pero chico, ¿para qué quiero ir yo a las Tierras Sombrías? Pues será un cuervo más de por allí, ¿a mi que me cuentas? Además, ya me has dicho que hay muchos héroes allí, que también está Thrall, Tyrande y todos los demás… ¡Pues que se busquen la vida! ¿Acaso tengo que estar yo ahí siempre para salvarles el culo? Anda, anda. Y mira, lo siento, aquí acaba nuestra entrevista porque echan ahora por la tele un programa sobre el deporte favorito de los goblins. Venga, a pastar. Mira que llamarme vago a mi de manera indirecta…»

Y así, el famoso Archimago nos echa de su torre para continuar en su rutina de drogarse y no hacer nada. De momento ni está, ni se le espera por Shadowlands, y menos mal. Porque como vaya con la tajá que lleva, le tendríamos que salvar nosotros a él.

Hasta aquí el reportaje del equipo de investigación de Azeroth. Volveremos con otro personaje célebre de nuestra historia para ver qué hace ahora que no le vemos el pelo.